

La tendencia de estos últimos años ha ido dirigida a construir carriles bici segregados y protegidos o aceras bici con discriminación hacia los peatones. En contadas ocasiones se ha optado por incorporar a la bicicleta al tráfico rodado en detrimento de los vehículos a motor. Esto se hace para no condicionar la circulación y así poder garantizar la minimización de las congestiones y la rapidez de los desplazamientos en coche.
La consecuencia: una red tortuosa de vías ciclistas con dificultades de conectividad y con trayectos muchas veces inverosímiles que redundan en la pérdida de eficiencia de la bicicleta y aumentan el conflicto con los peatones y la peligrosidad en los cruces e incorporaciones al tráfico rodado.
No hay que obsesionarse con tener una red de vías ciclistas muy amplia sino con que la red viaria sea ciclable prácticamente en su totalidad



Hay varios tipos de vías ciclistas dependiendo del espacio que ocupan para circular: la calzada, la acera o uno exclusivo. Carril bici, acera bici o senda bici, respectivamente.
Recurrir a un solo modelo puede parecer lógico y cómodo pero no hay un tipo de vía ciclista que resuelva todos los casos y problemas de la circulación de bicicletas. Cada uno tiene sus condicionantes (anchura, una o dos direcciones, prioridad en los cruces, necesidad de segregación del tráfico motorizado) que lo hacen más apropiado para determinadas circunstancias (espacio disponible, nivel de protección deseado, conectividad, densidad y velocidad del tráfico).
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